Me encuentro ante la desdicha de que ya no importa en qué lugar esté, en qué tiempo o siquiera el alrededor: porque justamente el mundo, el presente y el entorno me acechan. Transeúntes y acciones; promesas y vacíos; mentiras, vacío y más vacío. Y todo como si estuviese establecido. Y todo como si estuviera en su lugar; y de repente todos juegan el mismo juego, ese que yo no aprendí a jugar, o más bien me rehuso. Por suerte me olvidé, por suerte no entiendo. Por suerte sigo dudando. Por suerte. Pero no soy al azar. Tal vez ni existan todas estas concepciones, tal vez sean sólo percepciones; vivir y nada más. ¿Para qué alertar a mi cabeza si el vacío va a seguir siendo algo normal?. La mediocridad, las reglas absurdas para ser normal. ¿Es siempre tan eficaz?. No sé en qué punto alguien se puede librar. El infinito y las estrellas; la locura; la falta de ¿costumbre?; quizás la irracionalidad. La vida no puede resumirse en esto. 2 más 2 siendo 4 y consumir, consumirnos hasta estallar. Ya realmente no importa en qué lugar esté, en qué tiempo o el alrededor: porque justamente el mundo, el presente y el entorno me acechan.
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