Un día de sol. O de lluvia. Pero hoy el día me gusta. La banalidad sirve. Sirve para andar, es que hay que descubrir; y por ahí se puede empezar. Me conduce a un puente que me conecta con algo mejor. Tengo ganas de salir a pasear; de mirar mi reflejo en el adoquinado; de asimilar lo que el otro día no pude entender, y de sonreír mientras encuentro que alguien escribió lo que me costó (cuesta) aceptar. Lo convirtió en un laberinto bastante interesante. Y lo interesante no duele tanto. Lo que vale la pena tampoco. Hoy el día es lindo, por eso costó; por eso hoy soy esto o soy esto (hoy) y por eso el día es lindo. Hoy me encuentro en el sol; la lluvia; las flores; y las calles. En hojas; en una ventana. En cualquier pieza del universo me parece que soy. Me parece que algo de sentido tengo. No pienso en un lugar mejor; en realidad hoy me parece que le siento el gusto al no sentido. Quizás es lo que me hace creer que tengo sentido. Hoy lo sin sentido es bastante tolerable. Disfruto su sabor como un misterio que empuja; como la curiosidad que carcome a cualquier infante para deslumbrarlo. Paso por aquel carrusel del parque Lezama al que fui muchos domingos siendo infante. Y me sigue deslumbrando. Hago dos pasos con salto. Tal vez vivir es jugar; y jugar es incertidumbre; pero hoy.
Hoy el día es gris. Y en contraste con los lindos que supe conocer, éste me transforma en Seymour Glass. Veo al mundo como cuatro paredes de ecos y teorías; y al mismo tiempo veo al mundo como inabarcable; como prisionero de toda estructura; de toda teoría; de toda curiosidad humana que lo quiere aplastar para no tener que cargar con la pesadez de la incertidumbre. A lo mejor escribo esto porque estoy en el colectivo y estaba leyendo un libro un tanto escepticista; a lo mejor no. Mejor no formular más teorías e hipótesis. Hoy no quiero formar parte de lo que a veces me asquea. En estos días mejor no hablar de determinadas cosas; mejor no dejar que siga creciendo esa sensación. ¿Acaso están queriendo olvidar?. Seguro que sí, y por eso yo leo. Para mi propia calma. A veces tengo mucha sed y necesito cerrar un poco algunas cicatrices que pesan toneladas. De todos modos, estaba escribiendo sobre los días grises. (Una chica que está sentada al lado mira lo que estoy haciendo). No mires mi teléfono, y no te preocupes: no estoy escribiendo nada. No te perdiste de nada de lo que está pasando. No estoy prestándole atención a lo que vos sí. No estoy escuchando porque hoy es de esos días en los que no me sirve el blah blah blah. Hoy no me encuentro por ninguna parte.
En los días grises me parece que comprendo al mundo y quizás lo terrible es eso. Sí, lo más terrible es eso: que comprendo que no hay nada que comprender. Y hoy esa parece ser la única verdad; la terrible. Comprendo al mundo como una biblioteca inmensa con libros que largan ecos que te pueden matar y sin embargo, a veces te logran salvar; y llenar por un rato. Y armar. Pero hoy lo único que escucho es blah blah blah y por más que me esfuerce no puedo evitar considerar a una hoja en blanco, sagrada. Hoy al vacío no lo quiero escuchar disfrazado de nada y sin embargo lo encuentro en todas partes. Y de diversas formas. Consumiendo. Mis actos insignificantes. ¿Estoy yendo de nuevo contra la corriente?. Me pregunto si estar atado a una teoría no es también ser religioso. Me río. Pienso "ah sí, es obvio. Qué ridiculez" hasta que otro día algo de eso me hace sentir tan bien que me gusta ser una ilusa (más). ¿”Qué ridículos"?; tal vez es animosidad; tal vez me odio; tal vez quiero poder creer todos los días. Tal vez me odio por hoy no encontrarme así. Por sentir que este mundo no me pertenece y yo no le pertenezco. Por no poder ser “fría”.
Ahora me siento hipócrita mientras al mismo tiempo escribo esto. Es que no sé qué día soy. Ojalá alguien me lo dijera; y lo creyera todos; todos los días. Brindame otra teoría que me quiera salvar pero asegurate de que esté conmigo cada vez que me despierte.
Advierto que me queda una parada para bajarme. Por ahora soy una combinación de los días que describí; y por eso voy; y por eso vivo aunque a veces me vea obligada y no tenga ganas. La vida es un constante leer entre líneas, sólo que hay que comprender, que a veces leer entre líneas significa aceptar un abismo.
"Vi todos los espejos del planeta,
y ninguno me reflejó".
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