La tarde del jueves se subleva para hacerme recordar. Todo es relativo y sin parámetros como necesidad. Estoy muy cerca de mi misma. Quizás en un lugar en donde el deseo encarna la necesidad de huída. Mis pensamientos siendo los mismos son otros. Flotan, se expanden y se enredan. Exhalan melancolía. Mientras, las dudas terminan por confundirme. Ciertas veces cuando la razón realiza un viaje a través del sentir, el mundo la condena. Éste no permite que la razón y el sentir habiten un encuentro que resulte viable. Si esto ocurre terminan siendo inútiles. Algunas fragilidades mundanas, cuando otros las reconocen, pueden ser utilizadas hasta desmoronarse bruscamente. La incertidumbre mantiene en vilo. Como la ardua fatalidad de las cosas. (Existir, no-ser). Existen figuras abstractas que dan la ilusión de que uno es dueño de sí, de pensamientos; de emociones; de ideas; de pasiones; de miedos; de deseos. Es decir: el yo se cree amo de su propia casa; pero detrás de ellas, hay un vacío que busca ser llenado. Ese vacío es el que genera esa idea de propiedad. Ese vacío es el que quizás me hace sentir extranjera en mí. A la espera de disponibilidades que no pertenecen a nadie ya que no emanan de un yo que piensa, sino que el yo que piensa deriva por esos pensamientos. Pensar, pensar y pensar (asfixia). Vivimos en un mundo en el que no se sabe como pensar la vida abstrayéndose de toda duración (pausa). Ficciones. Las personas reaccionan como si estuvieran siguiendo un guión del que es imposible salirse debido a que las experiencias que se les presentan son transitorias, y ni siquiera pueden identificar diferencias entre situaciones completamente distintas.
Por el cambio constante, sería imposible afirmar que nuestra existencia está determinada por una estructura inmutable. Entonces esto desencadena en que todo parezca consumirse, perderse. Me pregunto si algo de todo esto tiene algún sentido. Estoy convencida de que en ciertas ocasiones desconocemos las motivaciones del accionar. La mutabilidad experimenta contradicciones porque son muchas las múltiples posibilidades y potencialidades de la existencia humana.
La sensación es: estar en todos lados y a la vez detenerte a pensar ¿donde estoy?. No estar en ninguno. O tal vez estar buscando uno lo suficientemente bueno; tanto que no existe. Sentirte otra vez así, y buscar un espejo alrededor, desesperadamente. Arrastrando la frustración. ¿Quién soy?. Ningún espejo te refleja. Y te golpeas el alma un poco más, una y otra vez, con alguna parte tuya que se fue un rato para encontrarte y recordarte que puede hacerte sentir así: solo. Incomprendido. Vulnerable. Perdido. Roto en muchos fragmentos. Entonces te agarra esa sed de creer. De querer creer. Buscas creer; buscas agarrarte de algo, de algún escrito que espeje eso que te esta devorando; buscas algún párrafo, recurrís a un montón de significados; buscas recordar alguna persona o alguna escena que te haya hecho sentir extraño pero acompañado. Y te sentís (no estás) acompañado por un enigma parecido a ese lado lúgubre y preciado que lo sentís un poco monstruo, un poco tesoro, pero que al fin y al cabo, te sigue devorando. Finalmente sentís que nada tiene la suficiente importancia. Estás un poco mejor; ya calmaste tu sed (si es que encontraste), ya calmaste tu sed de querer creer. Ya calmaste a tu búsqueda de sentido; ya no necesitas tan urgentemente gritar. Te das cuenta de que el día terminó y te vas a dormir. Y al otro día despertás; y algún monstruo-tesoro también. Aunque casi siempre es el mismo; o son todos bastante parecidos. ¿Cuántos más estás dispuesto a soportar?. ¿Cuántos más entran en tu cordura?.
El laberinto sigue creciendo para recordártelo: estás un poco vivo y un poco muerto también.
“...No se puede vivir sin ser injusto, como tampoco es posible vivir si no se tiene la enorme fortaleza de olvidar esta verdad. No obstante, muchas veces esta misma vida que reclama el olvido exige su suspensión temporal...” F. Nietzsche.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario